martes, 31 de agosto de 2010

Espacios laborales: el delicado límite entre lo público y lo privado







Un estudio del departamento de Research de Concept Media analiza la delgada línea que separan las esferas personales de las laborales en pleno auge de las redes sociales. Pros y Contras.

Los compañeros de trabajo comparten fotos de las vacaciones familiares o del encuentro con amigos de la primaria. El jefe, luego de una importante reunión con su colaborador, ve en el perfil virtual de éste las fotos del cumpleaños en el que aparece bastante pasado de copas. Incluso el nuevo asistente ve fotos de la vida hogareña de su gerente. ¿Se han desdibujado los límites entre lo público y lo privado? ¿Quedan aún intactas las jerarquías propias de las instituciones laborales? ¿Qué sucede con los roles que una misma persona asume en diferentes contextos para diferenciar su vida íntima de la profesional?

El fenómeno de Internet introduce y posibilita nuevos espacios de publicación de lo privado. El blog oficiando de diario íntimo de acceso libre, Twitter a modo de bitácora de las actividades diarias, Facebook con su teoría de los seis grados de separación, entre otras plataformas web, configuran modos específicos de representación de los sujetos y sus relaciones, dado que éstos se describen cuando se inscriben en ellas, mostrándose de una forma en particular ante la mirada de quienes están del otro lado de la pantalla. Estructurado por una modalidad de comunicación mayormente autorreferencial (incluso los hipervínculos que redireccionan a páginas amigas o de interés, hablan de las preferencias personales) pareciera llevarse, en la web 2.0, una suerte de espectáculo público de la vida íntima, al cual se tiene acceso casi irrestricto.

Ante esto, algunos segmentos de los inmigrantes digitales se insertan de forma tímida, desconfiada o insegura. Sin embargo, más allá de las miradas apocalípticas u optimistas, la dinámica se desarrolla y los individuos no dejan de sumarse a ella, conscientes de sus potencialidades.

La vida laboral y su ¿contracara?

En el contexto actual, los contactos resultan cada vez más fundamentales como capital disponible para el óptimo desempeño en la dinámica social. Cerca de la mitad de los puestos laborales se cubren por recomendación de amigos y familiares. Por ello, para conseguir, mantener o cambiar un puesto de trabajo, es cada vez más frecuente la participación en bolsas de trabajo online y la creación de perfiles profesionales en las redes sociales. Estas prácticas se articulan de acuerdo al objetivo de hacerse conocer e intercambiar ideas o recomendaciones con colegas, pero también para establecer contacto con las empresas, que buscan candidatos por estos medios, consultando sus perfiles.

Gustos, preferencias y modos de relacionarse con los otros han dejado de ser información disponible sólo para los allegados: ante los reales o potenciales empleadores, los sujetos exponen sus perfiles profesionales cada vez más integrales en los que incluyen información de la vida íntima como prueba de las características individuales y modo de vida que determinan su desempeño en las prácticas laborales.
Pero así como los límites de la vida íntima se dilatan y cuestiones personales son expuestas en contextos laborales, también los límites de las instituciones empleadoras comienzan a volverse cada vez más etéreos.

El paradigma de comunicación se ha modificado radicalmente en los últimos años y las empresas no pierden la oportunidad de adaptarse a tal dinámica para explotarla. Así, se vuelve cada vez más habitual la aparición de modelos de aplicación web basados en la filosofía de las redes sociales, pero adaptados a las necesidades profesionales. Ejemplo de ello son las Intranet, que vehiculizan la comunicación interna de las instituciones y permiten una mayor rapidez en la trasmisión de documentación, estimulan la colaboración y reducen costos y tiempos en coachings, entre otras cosas. A su vez, las posibilidades de participar de las comunidades interactivas creadas por las empresas aumentan la motivación de los empleados, que encuentran espacios abiertos para expresar sus opiniones y contribuyen a una mayor fluidez para el trabajo en equipo. A esto se agregan las modalidades de trabajo desde el hogar, a consecuencia de las cuales el ámbito laboral termina también por ingresar, virtualmente, a través de algún dispositivo móvil, a la intimidad del hogar.

En consecuencia, se da una interpenetración del ámbito íntimo en el ámbito profesional y viceversa: así como los individuos exponen su intimidad a la mirada de las instituciones empleadoras para ofrecerles una perspectiva más integral de su perfil, resulta importante para las empresas configurar una “cultura interna” disponible abiertamente para que sus empleados sean parte de ella, colaboren activamente, y encuentren un espacio de resguardo y concreción de su individualidad.

Podemos concluir así que más que borrarse, los antiguos límites entre la vida privada y la laboral se redefinen, volviéndose más porosos. Las dinámicas internas de las empresas tienden a ser más horizontales, en el sentido de que se insta a la partición y colaboración de todos los empleados en la construcción de esa “cultura”. Esto no implica necesariamente que los roles y jerarquías de las empresas caigan, sino, más bien, que pueden ser ejercidos de forma más flexible e incluso móvil, no anclados necesariamente a un lugar físico u horario en particular, a lo que se suma la necesidad de que todos los eslabones de la misma se sientan parte imprescindible de algo importante.


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